El regreso


La noche estaba cuajada de estrellas. Era una de esas noches de comienzos del otoño. Extraña, demasiado cálida para la época en la que estaban.

Conducía con calma hacia su hogar. llevaba demasiados días trabajando lejos y tenía ganas de regresar y poder compartir el fin de semana con aquella mujer que le había llenado ¡por fin! de alegría y le había dado esperanza en un futuro.

Estaba serio, se sentía en una desasosegada paz. Hacía días que ella estaba muy rara, demasiado. Desde hacía un par de días no respondía a sus llamadas telefónicas. Algo en su interior le decía que sabía muy bien lo que a su mujer le sucedía. Demasiados días fuera. Él, trabajando y añorando el calor de su cuerpo junto al suyo, y ella (aunque nunca se lo quiso confesar), se sentía demasiado sola. No hacía falta ser ni muy sabio ni muy viejo para tener clara conciencia de lo que aquella mujer sentía y pensaba cada día con más convencimiento y, tal vez, de lo que se iba a encontrar al llegar a su casa.

Aparcó su vehículo, recogió el escaso equipaje, miró una vez más a las estrellas, estaban preciosas, blancas y relucientes, como si les acabasen de sacar brillo o las hubiesen puesto nuevas. Subió los tramos de escaleras de un tirón, como siempre, sin pensar que aquella vivienda estaba demasiada alta y que él ya comenzaba a no tener ganas de vivir en las alturas. Abrió despacio la puerta, procurando no hacer ruido por si ella estaba, como otras veces, dormida en el sofá cansada de esperar.

Todas las luces estaban apagadas. La vivienda parecía dormir con el sueño de los justos, tranquila y sosegada. No había más que silencio, ese silencio que anuncia las catástrofes. Comenzó a explorar la casa, con pasos quedos, como estaba acostumbrado en tantas noches detrás de sombras que en cualquier momento podían caer sobre él o sobre alguno de sus hermanos de sangre y arrastrarlos hacía las tinieblas eternas, donde celebrarían, en un Walhalla eterno, tantas victorias contra el miedo.

Recorrió todas las estancias. Nada, allí no había nadie. el corazón le comenzó a saltar fuertemente en el pecho. Se acercó a la cómoda, la miró durante unos instantes, como preguntándole si al abrir el cajón sus sospechas se confirmarían. Abrió el cajón y allí ya no estaba su ropa interior, esa que tanto le gustaba y que, ahora lo sabía, jamás volvería a contemplar sobre su piel tan blanca como el armiño.

El teléfono móvil vibró casi con furia en el bolsillo de su camisa. Era un correo electrónico de aquella rubia que jamás volvería a ver. lo sabía. Se sentó sin saber donde y leyó despacio aquella carta que le llegaba en el momento preciso. La misiva rezaba así:

Sé que no es una hora apropiada para andar escribiendo; espero no despertarte pues tú tienes que descansar.

Te escribo en este momento porque mi corazón se encuentra en calma y sosegado.

Perdóname por botar contra ti mis diablos, no te mereces esto… no me encuentro bien… quizás mi comportamiento es una manera de alejarte de mí quedándome en mi soledad… es mi deseo. No tengo el derecho de hacer daño a nadie y menos a ti, un corazón donde no cabe tanto amor… soy despreciable, odiosa.

Perdóname… mi comportamiento rebelde e idiota, tu te mereces que tus noches, tu despertar…tranquilidad… sentirte pleno y feliz. ¡Tira para adelante!, ¡cumple tus metas, tus deseos!, ¡te lo mereces!.. yo me quedo con mis diablos, con mi soledad y no tengo porque dañarte.

Yo no juzgo tu pasado ¡créeme!, yo no soy quien… ya habrá alguien que tenga que hacerlo. Puedo juzgar el tiempo vivido contigo. Sería una crueldad hablar mal de ti, me ofreciste todo… me diste todo.

Te amo, cuídate mucho, ¡sé feliz!

Un abrazo. Un beso desde lo más profundo de mi ser.

Cerró el correo y apagó el móvil. Sabía que ese día llegaría. Aún así estaba defraudado. llevaba días preparándose para ese golpe. Se miró al espejo. Vio demasiadas heridas, demasiadas cicatrices y mirándose profundamente a los ojos, exclamo ¡ya no tengo edad para estas cosas! Por primera vez se sintió viejo y derrotado por la vida, pero en ese mismo instante se prometió así mismo que no se dejaría derrotar pero que, también desde ese momento, ninguna mujer tendría, nunca más, cabida en su vida.

Por primera vez se sintió liberado… libre.

Grog, Magog, Caballo de Troya y J.J. Benítez


Acabo de leer uno de los últimos libros publicados del periodista y escritor navarro Juan José Benítez.

Descubrí a Benítez allá hacia el final de la década de los setenta gracias a un libro que me regalaron por Navidad y con un título muy apropiado para tal fecha. “los astronautas de Yhavé”. Increíblemente, con el paso de los años, este libro, se convertiría en el prólogo de una serie de novelas del mismo autor tituladas “Caballo de Troya”.

Benítez no deja indiferente a nadie, sus libros, novelas, ensayos, su estilo y los temas que trata podrán gustar o no, pero Caballo de Troya, una serie de novelas basada en la vida de Jesús de Nazaret así como las posteriores, “Jesús de Nazaret, nada es lo que parece”, “El día del relámpago” y “El diario de Elíseo” seas creyente o escéptico te toca esa fibra escondida y azul que todos tenemos.

Como poco hay que agradecer a J.J. Benítez el haber novelado el que parece ser el último libro revelado  en los E.E.U.U de los años cincuenta a través de la escritura automática. el llamado “Libro de Urantia”  – https://www.urantia.org/es/el-libro-urantia/los-títulos-de-los-documentos- y que es una obra farragosa, difícil de leer y más aún de comprender, especialmente en la primera parte de las cuatro  que se compone, El universo central y los superuniversos; la segunda parte -el universo local-, la tercera parte -la historia de Urantia- y la cuarta parte -la vida y las enseñanzas de Jesús-.

Benítez nunca nos dejará indiferente y en su última obra titulada Gog tampoco. En esta novela, la más corta que ha escrito este autor, se adentra en el campo de la astronomía. No voy a desvelar muchos detalles excepto el más importante; en la novela se asegura que el 27 de agosto de 2027 chocará un asteroide de 15 km sobre la tierra haciendo impacto a unos cuantos kilómetros de la costa sureste de Barbados. La destrucción por supuesto es inmensa, todas las islas y costas del Caribe, la costa este de E.E.U.U, las islas Británicas, las costas de Noruega, Suecia, serán borradas del mapa tal como lo conocemos ahora, así como las costas Atlánticas de África, Ceuta, Melilla, Huelva, Cádiz y todo Portugal incluyendo la cornisa Cantábrica.

Benítez también nos recuerda como la onda de choque del impacto barrará gran parte de nuestro hemisferio norte así como terribles terremotos y erupciones volcánicas nos asolaran por todo el planeta. Sin embargo hecho de menos -y no sólo en la obra de Benítez, sino en la de otros autores, así como en series de televisión- varios factores más de destrucción. El reflujo de la onda expansiva es tan mortal como la onda expansiva en sí. Además, tengamos en cuenta que almacenamos combustibles por millones de litros, no solo en los depósitos que abastecen nuestras ciudades sino también en gasolineras y en los depósitos de todos nuestros vehículos. Los productos químicos que se fabrican a diario,  oleoductos, gasoductos, plantas térmicas y de energía nuclear estallarían por una razón u otra. Los silos de cabezas atómicas están protegidos bajo tierra -pero con los terremotos dudo que aguanten-, así como los virus y bacterias fugados de laboratorios, no presentan un panorama muy halagüeño.

Las nubes tóxicas; químicas, bacteriológicas y nucleares arrasarían con todo; a lo que habría que sumar el terrible invierno nuclear. Dudo mucho que en el planeta quedase alguna especie viva, sin excepción de aquellos seres humanos que hubiesen podido refugiarse en alguno de esos carísimos búnkeres que se han construido por todo el mundo y que tienen una vida útil -según los constructores- de varios años,  pero que no sabemos si aguantarían realmente terremotos que se saliesen de toda escala a lo que hay que añadir el agua , los alimentos y el oxígeno, eso sin contar los graves problemas mentales que afectarían a sus hipotéticos habitantes.

J.J. Benítez, no defrauda, como poco, siempre te deja pensando en aquellas cosas que escribe.

¿Y si fuese cierto?, no habría mucho de que preocuparse, así que sigamos con nuestras vidas y en 2027 ya veremos que hacemos, seguramente seguir viviendo.